sábado, 16 de mayo de 2009

Un viejo regalo

Es tu incertidumbre la que me hace divagar
y comprimir mis deseos.
Estoy harto de hablar con un tú que no tiene nombre,
que ondea vaporoso y porfiado como tus preguntas,
como tú, como tú ya debes saber muy bien.

No sé, quizás hay cuadros
con marcos de filo impostergable
que no tocan las paredes por vergüenza.

Puede que no esté adulando como siempre,
pero tú no debes ser un continente
repleto de rosas podridas y besos disecados.

Si escojo otras palabras
es porque contigo camino en otro espacio,

Es que a veces no tengo labios
y se ha vuelto tan difícil atraparte con la mirada,
que te suplico, no te enfades
si es que alguna vez me callo por sorpresa.

Y tampoco alteres la curva de mi escrito,
porque también se me ha quedado clavado como tú,
como tú en medio de la nada.

viernes, 15 de mayo de 2009

Nada que se pueda escribir
despertará a mi alma caída,
con mi borrascosa sangre muerta, nada...

viernes, 27 de febrero de 2009

Piropo para los altos literatos :P

"Es tan corta la vida"
dijeron Garcilaso y Petrarca,
tan vil y corto el amor,
añadieron Neruda y Parra,
que cuando te miro pienso, a lo Silvio,
que estoy que no puedo dar otra batalla.

Tus labios de rubí cantaría Sandro,
que me murmuran como lo hicieron con Becker,
el poeta de nombre Gustavo,
son mi única razón de escribir.

Aunque tenga que pedir versos prestados,
como los que la musa le arrojó a Homero
más veloz que las flechas de Apolo cayendo del cielo,
yo puedo cantarte un soneto de esos olvidados y viejos.

No te quedes mirando la nada,
para eso están los románticos alemanes,
y dame tu mano antes de que el Quijote, con sus refranes,
me grite, a lo chileno con picardía,
que el que fue a Melipilla perdió la niña.

Y yo no soy Dante para esperarte en el cielo,
por eso no quiero perderte, niña mía.

domingo, 15 de febrero de 2009

Ruego insular

Chiloé, tierra humedecida por la niebla de los marinos,
puerto fatigado que conversa con los artesanos,
paisaje de lluvias dulces que engordan como la murta,
que se desgranan como la zarzamora
para que se vuelva tinta roja.

Chiloé de los bares risueños
repleto de amores que cantan
¿qué le pasa a tus criaturas nocturnas
manchadas con sangre de los arrebatados mares?

Muerto o sediento, forjado por mitos de antaño
o en un curanto sin fondo,
así te he visto navegar por el Pacífico
sin negar tu eterna sombra cortada por el viento.

Me niego a la pérdida del celoso Caleuche
porque naufragó en los insatisfechos caminos de Roma.

No voy a perdonar que vendas
esa alma errabunda de lunas penetrantes
ni estaré indiferente al verte zarpar vestido de turista
por las novedosas leguas que no tienen voz propia.

Quédate al final del tercer mundo hasta que caiga el sol,
no dejes que tus redes se truequen en nailon
ni que tus botes se alimenten de cobre.

Ya lo cantaron las sirenas en alta mar
y yo lo repito tronando desde la cúpula de un mirador:
mientras haya magia pendiendo de tus palafitos,
no la mates con el funesto progreso,
no dejes que se oxide con el barro de nuestra edad.

lunes, 5 de enero de 2009

Cuando yo te beso

Te beso y se estremece el mundo entero,
tus labios indefensos tiemblan
con mi lengua penetrante
quebrantando la pasividad de tu boca.

Los árboles se erizan porque yo te abrazo
y mis manos aldentes derriten las cimas de tus senos.
Entonces siento cómo los torbellinos de tus gemidos
se azotan en mi cuello; y yo te beso.

Te beso repleto de cielos
mientras te recuesto en las nubes de mis deseos.
Me torno ardiente como el sol
para derrocar al mismo invierno.

Desciendo por un desierto de crema en
en busca del incesante perfume de mi flor,
mis dedos rasgan, en su antojo,
las palpitantes colinas de tus muslos.

Te beso formando anillos para contraer tu cuerpo,
mis dientes te atrapan como anticipo
para las elevaciones de tu sangre
y tú me ves sediento
con esas perlas de agua verde
y yo, que ya estoy mojado, te beso...

jueves, 16 de octubre de 2008

De lo mucho y poco que hay

Hay escritores de muerte
que escriben sin ojos y con huellas de barro.
Hay escritores inertes
de cierto reflujo constante que me causan un miedo indecible.

Hay fuertes de escritura
que se agrupan en la infancia
de los muy tallados escritos inmaduros.

Hay de los que escriben con rabia,
sin alma de colores, siempre tomando la pluma
como una espada asesina.

También estamos los que escribimos por ser inestables,
los que no sabemos cómo ordenar un diccionario
y nos llenamos las manos de artificiosos vocablos

Estamos los que sufrimos
contando las páginas que no llevamos
y los que escribimos y leemos
más con la cabeza y con los labios,
que con las mismas manos.

domingo, 17 de agosto de 2008

Recuerdos

Mi padre era un niño, pero yo no pude conocerlo porque también era un niño mientras él crecía. Mi madre una princesita que jugaba a las escondidas con ese pequeñuelo; y en todos los rincones encontraba un frágil palacio de ilusiones. A veces mi padre se enfadaba cuando mamá le quitaba una carta de las manos. Nosotros llorábamos más fuerte que sus sueños y eso le resultaba intolerante. Poco a poco él fue creciendo y dejando a un lado su afición por rayar las paredes, pero seguía buscando amigos imaginarios en los teatros, inventaba papeles, no de arroz, ni de hilo, sino de plumas y también con las alas de los pájaros que recogía en sus recurrentes viajes por el mar. Yo pensaba en cómo contraerlo; mi madre quería mutilarlo, pero con pataletas de cariño y, a veces, con despechadas notas mal escritas. Muchas veces le vi gritando de olvido. Enterraba en el patio los oscuros caminos de su alma; y sé que necesitaremos muchos túneles apagados para descubrirlos. Ahora estoy conversando desde lejos y me es tan simple reconocer el espacio bajo mi cama, que logro distinguirlo feliz dentro de un viejo apartamento, quizás estuvo encerrándose ahí durante toda mi infancia, pero, al menos, nunca me faltaron palabras para nombrarlo.

viernes, 15 de agosto de 2008

Conversación con el pasado

Aún te sigo viendo, Rabín, aún te sigo hablando,
vestías tu abrigo viejo pero seguro,
limpio y oscuro.

Te veo salir de los teatros con el rostro severo,
mostrabas el acervo del hombre
investigador y revolucionario
aún te sigo viendo, Rabín, aún te sigo hablando.

Y converso contigo entre los libros,
nos sentamos, nos sentamos como antes, Rabín,
junto al respetuoso silencio de tu lejana partida.

Yo era joven y ansioso, tú sabes Rabín,
a ti te perseguían los veinticinco años
mientras me contabas de tus planes inexactos
suturando el cáncer que devoraba ese Chile moribundo.

Tuviste que partir dejando las fronteras
porque el conocimiento ya no evitaría que te cortasen las manos;
y la Universidad, recuerdo que decías Rabín,
ya no era Universidad, tampoco refugio de tus ideas liberadas.

No dejo de tomarme tu vino añejo y barato,
tenías tan sólo una prenda para cada evento, Rabín,
pero desbordabas en piezas clásicas
para vestirte con todas la épocas.

Aún te sigo viendo Rabín, aún te sigo hablando,
ya no espero que vuelvas porque no me importa tanto.
Ahora no podrías enterrarme con tus lapidarias frases de piedra,
ni conducirías mi vida con tu violín,
ya ha pasado mucho tiempo Rabín,
pero yo aún te sigo viendo y aún te hablo.

miércoles, 16 de julio de 2008

No te Calles

La noche está atiborrada de faroles que torturan el alma,
todos los suspiros nocturnos se disipan en la distancia,
como un fatuo silencio enredado en las sombras perdidas.

Y de tus ansias menguantes,
de tus fallidos intentos, de tus ojos que gritan,
brotan lágrimas inútiles que la vida ha convertido en nada.

¿Por qué tantas prisas azotando la cama?
¿Cuántos cantos de luna resguardan nuestro sigilo?

Puede que la pena, muchas veces, te deje dormida,
pero sabes que yo te susurro por las estrellas
que se agitan cuando te miro tan calma.

Yo soy el que te hace hablar mientras el mundo se calla,
he socorrido tantas veces tus muertes
como, también, he acosado tu nostalgia.

A veces soy el glorioso defensor de los vulnerados sueños,
me da miedo ver que se me cae la piel
manchada con escaras que atraen tu lástima,
que estás cansada de tanto llenar pozos de agua.

Puede que pienses que al final no te digo nada,
pero sabes lo poco que sirven las contadas palabras.

Yo bebo los tragos sin medida ni tregua,
lleno las copas de licor indefinible,
me paseo por puentes con astillas quebradas;
y ahí me quedo cautivo,
recabando las luces que seducen mis ganas.

Ahora no sé cómo mirar si tú no me hablas,
me colma de vergüenza llenar el eco infatigable.
Se me acaban las flores, se me agotan las cuerdas,
se me fueron hasta las balas que, por misterio, guardaba.

Pero tú, la única nota vibrando en la distancia,
por favor no te pierdas en velo,
no aflojes tus ansias, no te quedes callada...